Mérida – Embalse de Alcántara

Aquí tampoco hay desayuno, vaya una costumbre tocapelotas.

Me zampo media tableta de chocolate con almendrás que compré ayer por la tarde, un trago de agua y a circular.

El día está despejado. Empezamos bien la jornada.

La visita a Mérida consiste en lo que circule hoy con la bici por la ciudad para continuar con el camino.

Si ayer hubiera andado doscientos metros más junto al Guadiana hubiese llegado al albergue de peregrinos de Mérida, bah, ayer no podía salir nada bien.

Después de subir una cuestecilla por un carril bici llego al embalse de Proserpina.

Me entretengo un rato leyendo los paneles informativos que hay en la presa, es bastante curioso todo aquello.

Cuidadito con el hormigón romano, aún está ahí aguantando el tipo y tiene pinta que le queda pa rato. Me hace gracia leer esto y ver que ahora hay construcciones que no sobreviven a sus arquitectos, es pa reirse pero por no llorar.

En el embalse hay un cacharro sobrevolando todo aquello, me percato porque se oye un zumbidito. Miro al cielo y al final lo veo, es un trasto pequeñisimo, un drone de esos que hay ahora para todos los públicos. A ver si doy con el pájaro que lo maneja. Pues mira doy con el. Está al final de la presa sentado en un pedrusco con un pequeño ordenador encima de las piernas y unas extrañas gafas puestas, no lo molesto, simplemente lo observo y veo el trajín que lleva el tío con las manos y mirando al cacharro volar por encima del embalse. Tiene eso bastante alcance porque yo sigo el recorrido y el trasto aún vuela cerca de mi y bastante lejos del píloto.

Hastaluegolucas!!

Sigo avanzando por una pequeña carretera hasta que me desvío por una pista a la izquierda. Aquí empieza la fiesta de hoy.

El camino es de una arena blanca fina que está mojada de las lluvias de ayer. El camino está pesado pero se puede rodar. Pero llegado a no se que sitio y cuesta arriba el color de la tierra cambia a rojo y a tomar viento el día placentero. El barro comienza a cojerle cariño a la bici y en cuestión de metros está todo atascado, hay que parar a quitarle barro a la bici.

Unos doscientos metros más, siempre en subida y otra vez a limpiar la bici. El palo que he utilizado la primera vez, se queda conmigo a pasar la mañana.

Esto termina avanzando lentamente y poniendo el palo en los lados de la rueda trasera y luego la misma historia en la rueda delantera, por lo menos no tengo que parar cada dos por tres.

A partir de El Carrascalejo la pista vuelve a ser algo más agradable, en un momento estoy en Aljucérn. Aquí almuerzo como dos personas, ya traía hambre. También cuño.

De Aljucén a Alcuescar la broma aumenta de tamaño.

Una vez cruzado el río vuelvo a un tramo de barro cariñoso, casi todo el recorrido por el parque de El Cornalvo, dura poco. Luego empieza una subida por un terreno pedregoso, son piedras pequeñas que hacen incomodo el pedaleo pero por lo menos no hay barro. En esta subida el barro no incordia pero hay una nube de los putos bichos esos que parecen hormigas con alas. Tengo que hacer toda la subida con la boca cerrada. Los brazos y la ropa van llenos de bichos de esos, la madre que los pario.

A mitad de subida, pa terminarlo de arreglar, se pone a llover, es poca cosa. Entrando en Alcuescar no solo ya no llueve sino que brilla un sol agradable. Voy a un bar a meditar y ya de paso me tomo unas cervezas tranquilamente y pico algo. En la puerta del bar estoy un rato hablando con el hospitalero voluntario de Alcuescar. Me voy sin cuñar.

De Alcuescar a Casas de Don Antonio continua la fiesta con el barro. Además con la tontería de seguir mi track y no las flechas termino puteando un poco a un peregrino.

Es lo que tiene seguir a pies juntillas el track de un señor que es capaz de dar un rodeo de veinte quilómetros por no pisar veinte metros de asfalto o por seguir lo más fielmente un recorrido.

Saldo de Alcuescar por un camino en buenas condiciones, delante tengo dos opciones, el peregrino va por la de la izquierda como indica la flecha, adelanto al peregrino, miro el GPS y no está mi track, paro, miro el GPS y veo que me tenía que haber metido por el camino de la derecha, el peregrino me dice “camino aquí, bien, camino aquí”, no le hago caso, retrocedo y voy por donde dice el track. El pobre hombre me sigue, menos mal que no me alcanzará porque es pa matarme, el camino “correcto” me lleva a la pista por la que iba pero doscientos metros más allá de donde me había puesto a mirar el GPS. A mi me da lo mismo, pero el pobre hombre aún se tiene que estar acordando de todos mis parientes vivos y muertos.

Aquí una imagen de Google Earth de la orejada:

Captura de pantalla 2014-10-12 a la(s) 18.41.17

 

Después de esto y por atontao, veo un charco delante que ocupa todo el ancho del camino y bastante largo. Bah!!, si voy lleno de porquería y la bici más que yo, ya no me molesto en esquivarlo. Jajajajajajaja. Joder!!!! Joder!!! Joder!!! A cada joder el charco es más profundo, esto no es un charco, es uno de tantos embalses que hay por aquí. La bici termina parandose, el agua por las rodillas, pa cagarse, pedazo charco. Total que salgo del charco empujando la bici y otra vez atascada de barro, vaya romance tengo hoy con el barro.

Esta es la última putada hasta Casas de Don Antonio, donde llego en un momento.

Y aquí, en Casas de Don Antonio, termina el recorrido por la Vía de la Plata embarrada de hoy. Carretera y manta.

Paso por Aldea del Cano sin pena ni gloria y ya tengo a la vista Valdesalor, también veo el letrero de una gasolinera. Allá voy a lavar la bici, a ver si tienen algo para lubricar un poco la cadena, a comprar agua y lo que sea para comer algo. Concedidos todos mis deseos continuo por la carretera hacia Cáceres. Una ligera subida y al terminar de subir ya veo la ciudad. No me planteo ni quedarme, ni hacer un rato de turismo. En el primer cajero que veo obtengo un poco de magia que ya ando algo tieso y a seguir por la carretera hacia el embalse.

A todo esto las simpáticas hormigas voladoras, o lo que coño sean esos bichos, me han acompañado hasta la entrada de la ciudad y ya eran de un tamaño considerable, del tipo hormigas de esas cabezonas que se le aprecian bien todos los rasgos faciales, so putas.

En Casar de Cáceres dejaré un momento la nacional para entrar a comprar tabaco y algo para desayunar mañana pues tengo entendido que en el embalse no hay na de na, aunque he llamado y me han confirmado que allí, en el albergue, tienen un ¿bar?. Que raro, todos los días estoy viendo muy pocos peregrinos, ¿para que quieren un bar allí?

Saldo del Casar y vuelvo a la nacional. Comienzo a bajar al embalse atento a no pasarme el punto kilométrico donde está el camino que baja al albergue, pero me da que la cagaré porque al ser todo en bajada e ir distraido con los viaductos que están haciendo aquí para el ave, terminaré pasándome.

Pues no, no me paso.

Por fin estoy en el albergue. Esto parece un bunker. Pero el sitio esta coqueto y sobre todo tranquilo, muy tranquilo.

Cuatro guiris y un tio con acento murciano serán la compañía de hoy.

Ahora viene cuando la matan.

– ¿Donde está el bar?

– No es exactamente un bar. Aquí tienes lo que tenemos.

Me da una especie de carta que es un folio plastifiado y plegado.

– ¿Como hago entonces para cenar?

– Yo me voy a las ocho. Si quieres cenar antes me dices lo que quieres y te lo preparo yo en el microondas.

¿?¿?¿?¿?¿?

– ¿Y si quiero cenar después de las ocho?

– Pues te doy lo que me pidas antes de las ocho, te lo guardas en la nevera que hay ahí y te lo calientas tú cuando quieras.

– Bueno, pues dame dos pizzas y 6 tercios de cerveza.

– No son tercios, son quintos.

– Pues me das diez.

Como me miraba la pobre chica, jajajajajaja.

– ¿Te vas a beber tu los diez quintos?

– No, voy a hacer una fiesta con esos que hay ahí fuera mirando el embalse. Pues claro mujer, si voy seco.

Las pizzas se tienen que calentar en una tostadora de pan de esas que hay en los bares. Me dice que meta la pizza y a los cinco minutos debo girarla y meter la parte de fuera al fondo de la tostadora para que se haga bien por todas partes.

Por lo menos aquí nos dejan todo lo necesario para desayunar: dos termos con cafe y la nevera llena de mermelada, mantequilla, leche y zumos variados. Bueno… al final no va a ser tan chungo como estaba pintando hace un momento.

Pago el albergue, una lavadora, una secadora, las pizzas y el montón de cervezas.

Guardo las pizzas y las cervezas en la nevera.

Voy al cuarto de las literas. Comparto cuarto con el murciano y un guiri. Los otros tres que son bastante mayores duermen en otro cuarto y aún quedan dos cuartos libres más. Jejejeje.

Me ducho, me cambio y voy a ver donde están la lavadora y la secadora. Pues no, es secreto. La hospitalera se encargará de hacer la colada, no me gustan estas cosas pero si tiene que ser así no voy a discutir. Cojo una bolsa de pipas de las grandes que he comprado en Casar de Cáceres y un quinto de la nevera. Me siento fuera a ver la puesta del sol.

Solo por este ratito a merecido la pena parar aquí.

Los peregrinos intentan ver la puesta de sol pero el genares que está allí venga a comer pipas y beber quintos los tiene algo descolocaos.

La hospitalera sirve la cena a los  tres peregrinos guiris mayores, me da la colada y se marcha deseandonos un buen camino. Cuando el coche de la hospitalera deja de oirse, el silencio que hay allí es exagerado, solo se oyen de vez en cuando los cencerros de cuatro vacas que hay pastando en la orilla del embalse.

Son las nueve y media. Solo me queda un quinto. Ah!!! y la bota, jajajaja. Comienza la operación pizza.

Pongo una pizza a calentar, voy al cuarto a por la bota y la pongo en una mesa que hay delante de la tele. Enciendo la tele, el volumen está bajísimo, mejor así no molesto. El murciano y el guiri que comparten cuarto conmigo se ponen a ver la tele tambien.

Mientras se acaba de hacer la primera pizza voy al cuarto, cojo mis cosas y me voy a un cuarto vacio, así es mejor para todos. Mis horarios son un tanto extraños y mi música mientras duermo también.

La primera pizza ya está. La pongo en un plato, la llevo a la mesa y meto la otra en el tostador. El guiri no entiende el artilugio (la bota), pero al murciano se le van los ojitos. Bocao de pizza y trago de vino. Así hasta acabar con las dos pizzas. Madre mía, me he quedao como nuevo.

Recojo todo y salgo fuera a fumarme un par de cigarros. Cuando entro ya se han ido todos a dormir.

Dedico un rato a escribir aquí unas líneas y me voy yo también al sobre.

Mañana más ¿y mejor?… no se sabe.

Track Wikiloc

Fotos en Flickr

 

 

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