Monesterio – Mérida

En el albergue no dan desayunos, pero la hospitalera me dijo que saliendo del pueblo siguiendo la ruta pasamos por un hotel en el que a partir de las siete ya dan desayunos.

Bueno, me voy a dar una vuelta por el pueblo a ver si encuentro algún bar abierto para desayunar. Doy con un bar donde me hare unos churros con chocolate que no serán una maravilla pero de momento me vale.

Vuelvo al albergue, me visto de faena y al lío.

Hoy esta bastante nublado. El recorrido empieza rodeado de encinas y animalicos por todas partes. El día empieza bien.

Poco a poco las encinas van desapareciendo. Subo un repecho, abro/cierro una cancela y parece que entre en otro planeta. La cancela y la valla que separan un campo de otro, también separan un planeta del otro. A un lado, el que dejo atrás, está la última encina, al otro unos extraños matojos que me dan mal rollo nada más mirarlos, que cambio más radical.

Última encina, primer hierbajo

Última encina, primer hierbajo

Espero que este panorama sólo sea un rato porque entre el día nublado y este panorama me estoy empezando a avinagrar. Menos mal que por lo menos el recorrido es por una pista en muy buen estado, con algunos charcos pero por lo demás muy bien.

Los hierbajos dejan paso a campos de cereal totalmente segados, bueno el cambio ha sido a mejor.

Delante de mi, a unos cientos de metros, va alguien en bicicleta. Conforme me voy acercando veo que ese alguien va vestido con un mono azul de trabajo y va acompañado de unos cuantos galgos. El hombre los está paseando.

Cuando lo alcanzo coje a los perros. Le digo que no hace falta que los coja que no me dan miedo y me dice que no es por mi, que los miedosos son los perros que cuando ven a alguien salen todos corriendo, se le cruzan y lo pueden tirar.

Estoy un rato acariciando a los galgos, siempre me han gustado esos perros, y hablando con el hombre. Los esta sacando a correr porque ahora mismo empieza la temporada de caza con galgo.

Ya tengo Fuente de Cantos a un escaso quilómetro. Empiezo una suave bajada, a la derecha hay una casa con un montón de ovejas y, que yo vea, cuatro perros que se dejan el alma ladrando. Dos pequeños negros, uno tamaño pastor aleman marrón y el último un mastín. No dejo de mirarlos, joder que berrinche tienen los cuatro perros, a los dos grandes se les ve bastante encabronaos y hacen intentos de saltar el triste vallado que los separa de mi. ¡¡¡JODER!!! El marrón ha saltado y viene pa mi como una bala, por lo menos el mastín no lo ha conseguido. Menos mal que voy bajando, delante tengo un vado que lleva algo de agua pero el vado es de cemento, con el asquito que me da pasar por los charcos y el cabrón de perro este me va a obligar. Paso el vado a to meter, el puto perro se queda al otro lado. Después del vado empieza una subida para llegar al pueblo. Menos mal que el perro del vado no pasa porque en la subida me hubiera alcanzado y habríamos tenido problemas los dos.

Ah!! Con que no pasas del agua. Me bajo de la bici, vuelvo andando hacia el vado, el perro sigue ladrandome con mucho entusiasmo. Te vas a enterar. Le iba a soltar una buena pedrada, pero al final paso, no me ha hecho nada y el pobre cabrón estaba haciendo su trabajo. La pedrada habría que pegarsela al dueño por no poner medios para que los perros no se le escapen.

Bueno… voy a buscar un bar. Con buscar la iglesia sobra. Siempre hay un bar junto a la iglesia.

En el bar hay unos policias municipales. Les cuento la película de los perros y me dicen que solo se encabronan con las bicicletas. ¿?¿?¿?¿?¿. Joder!!! Les digo que detrás de mi iba un señor en bicicleta y con cuatro galgos. Me dicen que van a bajar a hablar con el dueño ya que no es la primera vez que alguien se queja.

Voy a almorzar. El menu del almuerzo no lo voy a repetir otra vez.

Compro agua y me marcho.

A Calzadilla de los Barros llego en un momento, los campos de cereal segados se alternan con campos de uva. El camino sigue siendo ancho, en algunos tramos con charcos bastante grandes, otros tramos algo rotos y asi, sin prisas y sin pausas, los quilómetros y los pueblos van pasando.

La entrada a Zafra es pestosa de cojones, vas por en medio de una estación de tren que parece estar abandonada.

Me está tocando las narices el panorama de hoy y bastante.

Una vez consigo salir de la estación, donde las flechas me hacen hacer giros a un lado y al otro para salir de allí, ya estoy en Zafra y empieza a llover. Pues no voy a parar.

Al salir de Zafra hay una extraña subida, una bajada y ya estoy en Los Santos de Maimona.

Al salir de Los Santos de Maimona me siento en un banco a descansar un poco, como unos pocos frutos secos pensando en comer en Villafranca de los Barros. Mientras estoy allí sentado pasa un quad, el conductor va de barro a tope. Que mal rollo me da.

Valor y al toro. En efecto hasta Villafranca de los Barros el camino esta a tope de charcos, alguno lo podré esquivar pero otros no tendré más cojones que cruzarlos por en medio. No es tan fiero el león como lo pintan.

Ya estoy en Villafranca de los Barros. Aquí pensaba comer pero esto está petao de gente arreglada de sabado. En una plaza que está llena de bares, además hay una iglesia y una boda, lo que me faltaba, me largo de aquí. Saliendo del pueblo hay otra boda. ¿Qué pasa hoy aquí? La primera boda era de payos, la segunda de gitanos, no se en cual de las dos los invitados son más cantosos.

Salgo de Villafranca de los Barros y entro en una pista que parece una autovía sin asfaltar. Me siento en un lado de la pista esa y me zampo media tableta de chocolate. Un trago de agua y a seguir avanzando.

La pista está en buen estado, de cara solo vienen tractores con sus remolques cargados de uva. Hay un tramo en el que se deja la “autovía” y se circula por un camino entre los campos de uva. El camino está de barro y charcos hasta los topes. Me llevará un buen rato recorrer el pedazo ese y volver a la autovía de tierra.

Una vez vuelvo a la pista miro hacia delante, hacia el infinito, joder, a un lado uva, al otro olivos y a veces uva y olivos juntos. Las torres de alta tensión a mi derecha, todas en fila, no se ve donde termina la pista. Miro en el GPS, la pista termina en Torremejía, es toda prácticamente recta. Vaya tela. No voy a volver a mirar al horizonte, a pedalear encabronao y a pasar este mal trago. A todo esto el viento me vuelve a “ayudar”. Vaya viaje, menos ayer todos los días el aire en contra.

No se la de quilómetros que llevaré ya en la cochina pista esta. Paro. Apoyo la bici en el hormigon de una arqueta. Allí en medio de pie miro a un lado y al otro, hace rato que ya no pasan tractores, las horas que son ya están todos en casa comiendo. ¿Pero esto que es? me pregunto. Creo que este va a ser el día tontuno de la ruta. Lluvia a ratos, viento en contra, la recta esta, caminos extraños, entorno “diferente” a todo lo que he visto hasta ahora.

En fin…aquí plantao no pinto nada, no me quedan más narices que tirar p’alante. Aún pasará un buen rato hasta llegar a Torremejía, pero por fin lo consigo.

A la salida de Torremejía me encuentro el tramo más embarrado del día y pegado a la carretera. Ya está bien de pelea. Me voy a Mérida por la carretera. No pelearé hoy más con el barro, ganaré tiempo para cambiarme y salir a dar una vuelta por la ciudad.

Teniendo ya Merida a la vista, veo que el tiempo se está poniendo feo feo, por mi izquierda vienen unas nubes descargando que como me pillen me van a poner fino.

En el primer sitio que vea, y que me guarden la bici, pongo el huevo. En un hostal por el casco antiguo me instalaré.

Me instalo, me ducho, me acicalo y voy a comer algo, poca cosa, para matar el hambre que luego habrá que cenar.

¿Qué pasa hoy aquí? Hay por la calle mucha gente vestida de  romanos, con sus túnicas y algunos con sus coronas de laureles, no veo a ninguno con el pecho de lata y un cepillo de escoba encima del casco.

En el bar pregunto y me dicen que hay una fiesta de…(cuando he oido “fiesta” me he desconectado), vaya… una fiesta. Estando en el bar, se lía a llover con una soltura que como no pare un momento para que vuelva al nido me voy a poner perdío.

Los romanos sacan sus paraguas, esperaban la lluvia. Ahora si que están graciosos, vestidos de romanos y con paraguas, jajajajaja, que putadón. Mal de muchos, consuelo de tontos, porque yo no voy de romano, pero tampoco llevo paraguas, con lo que llegaré al nido hecho una sopa, nunca te rías de un disfrazao de romano que lleve un paraguas.

Estando en el nido viendo un rato la tele y escribiendo algo aquí veo por la ventana que ha parado de llover, son las ocho y media de la tarde. Me voy a cenar.

Mientras ceno se lía a llover otra vez. Jajajajajaja, toma romanos, me han echao mal de ojo. Otra vez hecho una sopa. Llego al nido, tiendo toda la ropa de paseo por ahí y ya lo tengo todo hecho hoy.

Para una vez que llego pronto a un sitio con idea de visitar un poco la ciudad, se lía a llover y no veo más que una calle.

Ha sido el peor día desde que salí de casa. El paisaje, la lluvia a ratos, la extraña entrada a Zafra, la recta pestosa esa entre Villafranca de los Barros y Torremejía hacen que me den ganas de largarme a casa. Lo más divertido del día creo que ha sido lo de los perros cabrones, el resto pa olvidar. El mismo recorrido pero con sol seguramente hubiera sido otra cosa. Los días estos tontos que hace sol, aire, lluvia, frio, calor…me dejan mal mal, peor de lo que estoy.

Mañana será otro día.

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