Sevilla – Monesterio

Esto lo habíamos dejado en que en la habitación había un chaval alemán que hablaba muy bien castellano y que después de hablar un rato se tumbo pensando que iba a dormir y yo me quedé escribiendo la entrada anterior.

Pues no, no iba a ser una noche placida y armoniosa como parecía serlo en un primer momento.

Alguien me zarandea con alegría. Abro los ojos y veo al alemán diciendome algo.

– ¿Qué?

– Muevete que roncas y no puedo dormir.

– ¿Qué hora es?

– La una y media.

– Pues haber elegido muerte.

Hace un gesto con la mano como queriendo decir “vete a cagar” se da la vuelta y veo que se va a otra litera, que tonteria, si sigues estando en el mismo cuarto como no te suicides no te libras del concierto.

Bueno, me muevo como me ha pedido el hombre y me clavo algo en la espalda. Tengo la tablet por la cama tirada, la miro y solo había escrito dos renglones antes de quedarme frito, jajajajajajaja. La meto debajo de la almohada y a seguir con la serenata.

Ahora el que se despierta soy yo.

Entran en el cuarto dos chavales que les cuesta hasta respirar de la castaña que llevan, que cabrones, están en el límite que hay entre ir a gusto y ponerse a llamar a Juan con la cabeza dentro de la taza del water, jajajajajajaja. Espero que si les da por llamar a Juan por lo menos tengan el suficiente conocimiento aún para ir como sea hasta el cuarto de baño y que no lo pongan aquí to perdío y con olor a vinagre.

Miro el teléfono, son las cuatro y media. Los dos coloquetas se tumban en la cama conforme han llegado y al medio minuto se lían a roncar como locos. Enga Tosta, jodete, toma de tu propia medicina. Ni corto, ni perezoso me levanto, voy a por el alemán, lo zarandeo yo a él ahora y cuando me mira le digo “dile a tus primos que se muevan”, aquí hay medicina pa to Dios.

Ya no me vuelvo a dormir. Me pongo a recoger todo y a las cinco y media estoy sentado en la puerta del albergue con todo preparado para largarme. Al rato sale el alemán ya con su mochila y se larga. Nos deseamos un “Buen Camino” y hastaluegoadios.

A las siete estoy callejeando por Sevilla. Voy a la catedral y desde allí empiezo la Via de la Plata. Callejeando a oscuras consigo salir de Sevilla. Cruzo una avenida grande, bajo por un senderito estrecho, pedaleo un rato junto al Guadalquivir, paso por una casa abandonada llena de perros que me ladran pero no hacen por seguirme, recorro un tramo de camino que está muy embarrado y tras el cual tengo que quitar el barro a la bici, al cojer un palo para quitarle barro a la bici, el puto palo esta como un poco atascado, le pego un tirón del tipo “me tienes hasta las narices”, saco el palo y me hago un buen tajo en el dedo pequeño de la mano derecha, succiono la herida y escupo unas cuantas veces. Cuando parece que aquello ha parado un poco me lio el dedo con un aposito de los que compre en Villanueva del Arzobispo para el pie y en Guillena ya ire a una farmacia a por algo para curarme.

Paso por debajo de un par de autovías y sin darme cuenta ya estoy en Santiponce.

Paso de puntillas por el pueblo, vuelvo a pasar por debajo de una autovía y me encuentro una recta de estas que tocan las narices.Pero por fin parece que ya estoy en el campo que ya estaba un poco asqueadito del recorrido entre tanta calle, autovías y ruido de motores.

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Paso por algo que tiene pinta de ser el famoso vado del Arroyo de los Molinos, pero ya no hay película que hacer para pasarlo, lo han dejado como el resto del camino.

Ya tengo Guillena a la vista. Entre el camino y Guillena hay un sembrao. El track me dice a la derecha y las flechas amarillas a la izquierda. Sigo las flechas y, con lo bien que iba, termino en un camino mojado y pesado a más no poder y a dos palmos de la carretera. No me lo pienso, a la carretera.

Busco un bar, para la farmacia ya habrá tiempo. Voy a darme una alegría que estoy algo apagao, todavía no he comido nada desde anoche y eso que en el albergue había desayuno, pero al salir de allí de cualquier manera ni he desayunado ni na.

A estas horas en el bar está todo el mundo con el cafe con leche y las tostadas. Bodadillo de jamón, un par de tercios y un cortao me devolverán a la vida. Ya se ve esto de otro color.

Ahora sí, a buscar la farmacia. Agua oxigenada, betadine y unas pinzas pues tengo la sensación de que el palo me ha dejado un regalo dentro del dedo.

Salgo de Guillena, voy por un camino entre olivares. En un claro donde pega el solecito paro a curarme el dedo. Le echo agua oxigenada unas cuantas veces, separo la piel, bajo tengo algo que parece una astilla. Meto las pinzas, pego un tiron y no, no es una astilla, es un pedazo de mi que arranco también, jajajajajaja, a sangrar otra vez como un gorrino. Bueno, más ligero voy. Termino de curar, pongo un aposito nuevo y a seguir.

Si el camino de Guillena al hospital de campaña ya estaba bastante roto, lleno de grandes surcos hechos por el agua, a partir de aqui y hasta la carretera que me llevará a Castilblanco de los Arroyos es ya una trialera como Dios manda, a ratos pedaleo, a ratos empujo.

Hasta que llego a la famosa fuente en la que hay que pegar dos o tres bombeadas para que el agua salga fresca. Agua llevo de sobra pero iré a ver la fuente porque es curiosa de ver. Tiene una puerta giratoria para acceder al lugar donde se encuentra. Hay que desviarse unos cien metros del camino pero merece la pena y más si vas seco.

Visitada la fuente continuo con la “escalada” y empiezo a ir por la dehesa. Es bonito de verdad y además después de las lluvias que han tenido por aquí estos días atrás esta todo el suelo que parece una alfombra verde.

Sin darme cuenta salgo a una carretera y en un momento estoy en Castilblanco de los Arroyos. En la rotonda de la entrada me siento en un banco a comer algo que llevo por las alforjas, me fumo un cigarrito mientras cotilleo el foro y me largo sin más historia.

No tenía ni la más remota idea pero esto sigue todo por carretera hasta la entrada al Parque de El Berrocal. Por la carretera veo al primer peregrino, bueno será una peregrina y a partir de aquí ya vere unos cuantos por el Berrocal.

El camino por el parque es una pasada, una pista buenísima y el entorno es la hostia. Aquí también están los ciervos berreando.

De repente el camino se acaba y aquello se encarama por una ladera sin miramientos, joder que empujada me pego hasta llegar arriba, menos mal que casi al final hay un par de curvas para suavizar aquello porque sino aún estoy alli intentando que la bici no se vuelva p’abajo. Menos mal que no serán más de trescientos metros el rampón, menos mal, porque ya creía que estaba en Cazorla.

Arriba hay un hombre y dos mujeres que se ríen al verme llegar empujando la bici.

Conforme llego arriba se marchan los “simpáticos”. Miro unos paneles que hay allí y descubro que esto es el Cerro del Calvario y también veo que igual que he subido por un lado voy a bajar por el otro y lo que hay bajo es Almadén de la Plata.

Almadén de la Plata

Almadén de la Plata

La bajada es igual que la subida pero además con sus escalones y sus pedruscos.

Los tres simpáticos bajan haciendo equilibrios. Yo bajo montado y al pasar por su lado les deseo Buen Camino con mi sonrisa de “ahí os quedáis ceporros”.

Cuando entro en Almadén de la Plata me asalta un chaval con una muleta. Me pregunta de donde vengo y si he visto muchos peregrinos desde Castilblanco. Once he visto, los llevo contados, le contesto. Me pregunta si me quedo aquí, le digo que no que es muy pronto y que la intención es ir a El Real de la Jara o Monesterio, hasta donde me de hasta las siete de la tarde. Le pregunto donde comerme unas tapas, me indica donde y voy p’alla. El de la muleta es el hospitalero del albergue que hay allí nada más llegar, no se si habrá otro albergue en el pueblo.

Después de meterme en el cuerpo unas cuantas viandas de la zona vuelvo al albergue a cuñar la credencial. Me recomienda un par de albergues, uno en El Real de la Jara y otro en Monesterio. Gracias. Me desea Buen Camino y me largo.

Si el recorrido por el parque El Berrocal ha sido bonito, entre Almadén de la Plata y El Real de la Jara es la rehostia. Por aquí además del entorno lo que llama la atención y de manera agradable es ir pedaleando por pistas, senderos y algún que otro repechón simpático y siempre con animales sueltos por todos lados, marranos pata negra, vacas y cabras. En una charca hay unos cuantos cerdos que al parar a fotografiarlos salen de la charca y se vienen hacia mi. Los espanto y se largan casi todos pero dos se me plantan en la bici curioseando.

Voy parando haciendo fotos a todo. En una de las paradas oigo a los cerdos murmurar pero no los veo. De repente veo salir de una hondonada a unos cuantos cerdos y comienzan a subir por la ladera que tengo enfrente, vaya alboroto se lía, venga a salir cerdos de allí y todos por la ladera para arriba, impresionante la cantidad de marranos que van corriendo por allí.

Tanto mirar a los animalitos hace que me despiste, como voy por una pista ancha doy por hecho que el camino es por esa pista y no me fijo ni en el GPS ni en las flechas. Hasta que me da por mirar y veo que mi track no está en la pantalla. Menos mal que no me habré pasado ni medio quilómetro y menos mal que era en subida. Volver al recorrido me costará poco.

Esta mañana he abierto/cerrado alguna cancela, pero esta tarde estoy que lo tiro oiga, ¡¡¡A LA RICA CANCELA!!!, se puede hacer un catálogo de cancelas con más de cien tipos diferentes.

Y así sin más, entre cancelas y animalicos, doy una curva y tengo un pueblo delante. Tiene que ser El Real de la Jara.

El Real de la Jara

El Real de la Jara

Pues a un bar, rapidito, a hacerme unas cervezas, comprar agua y cuñar. Me siento fuera del bar a beberme la segunda cerveza y a fumarme un cigarro. Miro la hora y los quilometros que hay hasta Monesterio. Me da tiempo. Voy.

El camino ahora es una pista ancha que me deja ir bastante alegre y además no hay cancelas, que detalle.

En un momento me encuentro con esto:

?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿

Recuerdo que ayer Villaboa me dijo que después de El Real de la Jara llegaría a la Venta del Culebrín, que lo sabría porque hay allí una ermita un tanto rara.. y tan rara pienso yo cuando la veo. Me recuerda a esto otro:

Máquina del tiempo de Bola de Dragon Z.

Máquina del tiempo de Bola de Dragon Z.

También recuerdo que me dijo que a partir de aquí lo mejor era ir a Monesterio por la carretera. No hubiera hecho falta que me lo dijera, al mirar el GPS veo que nada más empezar a subir el camino va encajado entre la carretera por la que voy yo y la autovía, no voy a perder el tiempo. Por la carretera para arriba.

Poco antes de las siete estoy en Monesterio.

Monesterio

Monesterio

Voy al albergue que me ha recomendado el hospitalero en Almadén de la Plata. Albergue las Moreras. Una grán recomendación.

Allí solo hay cuatro peregrinos. La hospitalera me asigna un cuarto para mi solo. Guardo la bici. Me acicalo. Le pregunto donde puedo cenar. Me recomienda el bar Meson de Juan.

Tardo un poco en dar con el bar y eso que me ha dado un plano del pueblo y en él me ha pintado el recorrido hasta el bar. Las calles de Monesterio no siguen ningún orden lógico o yo no lo deduzco que puede ser lo más probable. Al final doy con el bar.

Me pongo fino de “guarrico”, tapas de jamón, secreto, presa, chorizos y pa terminar y no menospreciar a otras bestias me zampo una tapa de queso. Dos cañas me tomo para saciar mi sed pero después para acompañar todo esto le pido a la camarera una botella de tinto. La mujer alucina con el bestia de la punta de la barra. Tras la barra aparece un señor que saluda y habla con todo el mundo y se mueve por la barra que da gusto verlo. Llega a mi altura, mira la nota con todo lo que me he comido, me mira con media sonrisa.

– Tenías gana ¿eh?

– Sí, pero es que además todo esto me encanta.

– ¿Quieres un poco de guarrico asao pa terminarte la botella de vino?

– ¿En que consiste el guarrico asao?

– Pues cojemos un guarrico muy joven lo troceamos en trozos muy pequeños y lo asamos. Y en cada tapa va lo que te toque, no se elige.

– Pues ponme una tapita de guarrico asao.

Pa llorar, el guarrico asao está pa llorar.

Me tomo el cortao y pido la cuenta.

Si el guarrico asao es pa llorar, la cuenta es pa repetir tres o cuatro veces.

El hombre me ofrece un licor, un güisqui le pido y le digo que me lo llevo a la calle para fumar un poco. No pone pegas. Me hago el agua de fuego sin prisas y con pausas. Si me caigo al suelo boca abajo lo más seguro es que ni los pies ni las manos lleguen a tocar el suelo de la hinchazon que llevo, que exageración.

Entro, le devuelvo el vaso y me voy paseando al albergue. Doy un par de rodeos hasta que me situo, si sereno me ha costado encontrar el bar… ahora medio trompa, de noche y en sentido contrario… jajajajajaja

Por fin llego al albergue. Cojo la tablet y me siento en la puerta a escribir un poco de esto.

Ha sido un buen día.

Track Wikiloc

Fotos en Flickr

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