Paracuellos de la Vega – Cuenca

A las cinco suena el despertador pero pereza no me deja ni moverme. No voy a pelear, no hay ninguna prisa y dentro del saco oyendo los berridos se está muy bien. Me dormí oyendo berridos, me despierto y siguen ahí, que poderío tienen estos bichos, que vozarron.

A las seis salgo a la puerta del albergue y con la luz de la luna voy recogiendo todo. Hace frio (fresco para los hombres), 9 grados según la internete.

Ha sido un acierto meterse en la pinada, la tienda tiene algo de humedad pero no está chorreando como el otro día en Caudete.

Ya empiezan a oirse los primeros pájaros y pajarracos. Además los de los berridos siguen a tope, en un momento hay un jaleo muy agradable.

A las ocho empieza a asomar el sol entre los pinos. Ya he desayunado y tengo todo recogido.

Detrás tengo una cuestecilla por la que subo a ver si veo algún ciervo, por lo menos uno se oye por esa zona. La cuestecilla termina en un campo labrado enorme. Ando un poco por allí mientras me echo un cigarro. El bicho sigue berreando pero no se deja ver.
Vuelvo a por la bici, salgo al camino y comienzo a pedalear.
Una pasada. El camino de arena fina, muy compactada, ni una sola piedra, alguna huella de tractor, un fresco muy agradable y un cielo exageradamente azul. Avanzo disfrutando como un enano rodeado de pinos y algunos campos de girasoles ya cosechados.
Se suben un par de cuestas, se baja otra y en un par de curvas tengo a la vista Monteagudo de las Salinas.
Llego a Monteagudo, subo hasta la plaza buscando una tienda o alguien que me diga donde hay una, si la hubiera. En la misma plaza doy con el único habitante del pueblo que hay por la calle a esas horas y eso que son las diez. El hombre me indica donde está la tienda y me dice unos detalles de la casa pues no tiene cartel ni nada indicativo de lo que allí hay. Pues a buscar la tienda.
Placa en la plaza de Monteagudo de las Salinas.
De haber sabido que la tienda está donde me dicen me hubiera ahorrado los tres rampones para llegar a la plaza. La tienda está en la misma calle por donde llegas al pueblo y que si la continuas vas hacia el cementerio para seguir la ruta, justo enfrente de la bascula.
En la puerta de la tienda hay un señor que me confirma que la tienda es la casa que tengo delante y que además abre a las diez y media. Aprovecho para tirar la basura que llevo en una bolsa atada al remolque, quitarme algo de ropa y echar un cigarro mientras converso con el hombre.
Conforme se acerca la hora de apertura van llegando clientes. La tienda abre, me dicen que pase yo primero. Compro una barra de pan y dos latas de sardinas en escabeche, les doy las gracias por colarme, me despido y me voy.
Venga pues.
Se sale del pueblo junto al cementerio y acto seguido una cuesta nos vuelve a meter en la pinada.
Tanto este pueblo como Paracuellos de la Vega  es como si fuesen dos islas a las que se les ha secado el mar que las rodeaba. Ambos pueblos estan encaramados en unos monticulos que son igual de altos que los montes que lo rodean. Llegas a ellos en bajada, para entrar a ellos hay que subir, para salir volver a bajar y para incorporarte a la ruta hay que volver a subir, en fin…. una gracia como otra cualquiera. Paracuellos de la Vega está unido a los montes que lo rodean por un punto, pero Monteagudo está allí en medio, entre los montes y el pueblo ha campos de girasoles también cosechados.
La pista tiene buen firme y se avanza rápido. Al rato viene una cuesta abajo y ya estoy a la entrada de la finca Navarramiro. Tiene puerta pero se permite el paso a pesar de los carteles que dicen lo contrario, ganado bravo tampoco hay. Se sube una cuesta para recuperar todo lo descendido hace un rato. Casi toda la subo empujando, está bastante rota.
Terminada la cuesta me monto en la bici y a seguir gozando de este pedazo de precioso paraje. Por aquí se dejan ver los ciervos, no es que estén al borde del camino pero al detenerme a hacer alguna foto se les ve correr por las pinadas y berrear.
Cosas de la vida, en la misma cuesta abajo del año pasado se me vuelve a cruzar un ciervo. El año pasado, si es el mismo, estaba con su madre. Este año se ve que ya se ha emancipado y anda solo por allí.
Paso junto a unas casas, una nave y una ermita y ya tengo cerca la puerta para salir de la finca.
Más adelante me encontrare con otra puerta pero abierta de par en par, recuerdo perfectamente que el año pasado estaba cerrada y pienso que quien será el cafre que la ha dejado abierta, encima que te dejan pasar. Cuando voy a cerrarla veo que no está abierta por gusto, es que está descolgada, pero la termino cerrando.
Luego me arrepentiré de haberla cerrado porque como sea un señor mayor el que tenga que abrir no va a poder si no le pega un tiron con el coche, el tractor o lo que sea que lleve, ya que he hecho bastante el gorila para cerrarla.
Sigo pedaleando por las pinadas y ¿qué oigo? Es el tren.
Delante de mi tengo la cuesta donde se me estropeo la rodilla. Ya estoy cerca del lugar de acampada del año pasado. Subo un par de cuestas, por un puente salvo las vias, sigo subiendo y cuando comienza la bajada tengo delante de mi el campo aquel. Los árboles siguen alli, pero este año han plantado girasoles que también están ya cosechados.
Paso junto a mi terreno mirando aquellos árboles, vuelvo a subir una cuestecilla para volver a salvar las vias por un puente y ya en lo alto veo Fuentes. Aquí arriba me hago el bocata y veo pasar el tren hacia Cuenca.
Termino el bocata y para Fuentes.
Desde que empecé a ver campos de girasoles me vengo acordando de la putada que hay un poco después de Atalaya de Cuenca, el pedazo de campo ese en el que han labrado hasta el camino y que el año pasado además tenía girasoles. Será una putada esté como esté y decido que ya veré lo que hago cuando llegue a Fuentes. Pues ya tengo Fuentes aquí mismo.
A la entrada del pueblo hay un tractor labrando un campo. Paro la bici y voy a pisar el campo a ver en que condiciones está. A Cuenca por la carretera, no hay ganas de pelea.
Con Cuenca ya a la vista, el camino cruza la carretera de izquierda a derecha y me vuelvo a incorporar a la ruta. En un cruce las flechas me indican hacia la izquierda y el track recto, como Cuenca ya está ahí no hay posibilidades de perderse, así es que sigo recto.
Ya estoy en Cuenca, ahora a Renfe a por un coche y para casa.
El día que por fin pase de esta Ciudad será como cuando los hobbits abandonaron la comarca por primera vez portando el anillo, jajajajajajaja, me tiene atrapado.
Pues ya está, fin de la excursión.
El año que viene, si aún estamos aquí y hay algo de suerte volveremos.
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