Alcalá del Júcar – Paracuellos de la Vega.

Parto de Alcalá del Júcar a las ocho y cuarto después de haber desayunado en el hostal (iba en el precio).

Tranquilamente voy subiendo todo lo que hay que subir para salir de aquí, llegar a Las Eras y volver a pedalear por la llanura. Está bien esto de hacer esta subida sin el sol de acompañante pero de buena mañana y en frío…Antes de lo que me imaginaba estoy arriba, en Las Eras, donde me incorporo a la ruta y para Casas Ibáñez envuelto en una niebla que irá desapareciendo conforme levante el sol.

La mañana es fresca, da gusto pedalear así. Poco antes de llegar a Casas Ibáñez ya no queda niebla y empiezo a quitarme alguna funda. El camino hasta aquí ha tenido de todo, lo peor los tramos en los que se han grabado las ruedas de los tractores en la tierra debido a las lluvias de la semana pasada.
La llanura, inmensa llanura
Casas Ibáñez
En Casas Ibáñez entro en un chinorri para comprar un embudito y un par de trapos. El embudo lo necesito porque el quemador del hornillo se ha llevado un golpe y al guardarlo derrama el alcohol que le queda dentro. Por las mañanas me toca devolver el alcohol a su botella pero éste termina en cualquier sitio menos donde debe. Mañana veremos como funciona. Los trapos son para secar un poco la tienda antes de guardarla si me vuelve a atacar la humedad por la noche.
Sabiendo que de Villarta a Campillo de Altobuey es todo camino pasando por Granja de Iniesta y suponiendo que los caminos pueden estar algo hechos polvo, decido ir de Casas Ibañez a Villarta por la carretera.
En el siguiente pueblo, en Villamalea, paro a comprar una barra de pan. En El Herrumblar pregunto a un señor por una tienda, éste me indica donde está y para allí me dirijo a comprar algo de agua y fruta.
Entro a la tienda, saludo y a mi derecha tengo una estantería con frutas, verduras y un paquete de bolsas. Acostumbrado a los super donde te sirves tú mismo la fruta, y no siendo de los caramierda que lo manosea todo para elegir, cojo dos tomates y los meto en una bolsa. Por detrás oigo cuchichear a las dos arpías que hay allí pagando, acto seguido la dependienta me dice que la fruta la pone ella, pues vale, faena que me ahorro. Me llevaré también dos platanos y una botella de agua.
En unos bancos que hay en uno de los muros de la iglesia me dispongo a almorzar. La gente va pasando y todos saludan. De repente llega un señor al que se le ve cara de tener ganas de conversar. Curiosea un rato la bici y comienza a gesticular. ¿??¿?¿?¿?¿?¿? La madre que me pario, el tío es mudo, jajajajajajajaja. No me río porque sea mudo, sino porque para uno que me habla resulta que no le entiendo nada de lo que dice. Allí está el tío gesticulando a un ritmo frenético y yo asintiendo a todo mientrás como. Un cuarto de hora se tira allí gesticulando sin parar, de vez en cuando sonrie un poco. Sin más igual que llegó se marchó. Y yo termino de almorzar.
Pues nada, carretera y manta hacia Villarta. Como llevo litro y medio de agua hasta Granja de Iniesta ya no pararé.
Es la una de la tarde y hace un calorcillo agradable. A la salida de Villarta me quito el casco y el pañuelo tocapelotas para que me vaya dando el aire en la azotea, joer como cambia el cuento, vaya un subidón que me da notar el aire en la cabeza, además es como si me hubiese quitado un peso horrible de encima. Voy para Granja de Iniesta bastante ligero.
Villarta se queda atrás.
Hacia Granja de Iniesta.
A las dos menos cuarto estoy en el estanco/tienda de Granja de Iniesta. Compro tabaco, dos platanos y dos botellas de agua, ya que de aquí a Campillo de Altobuey son unos 20 kilómetros de camino, hace calor y no hay nada de nada..
Para circular por Granja de Iniesta me vuelvo a poner el casco, pero a la salida del pueblo me quito ya hasta la camiseta, joer que gozada, que gustazo. Un día precioso, ni frío, ni calor y ni Dios por estos caminos rodeados de viñas y tierras rojizas recien labradas.
Pasando Casas de Matallana el paisaje comienza a cambiar, los pinos y las carrascas sustituyen a los viñedos y olivares, hasta parece que la temperatura haya bajado un poco. Un par de tractores me cruzare antes de llegar a la carretera que va de Minglanilla a Campillo de Altobuey y ambos conductores miran al cromo con un poco de asombro.
Campillo de Altobuey.
Antes de iniciar la bajada hacia el pueblo me visto de gala otra vez y mientras hago la foto de arriba oigo un “psssssssssssssss” que viene de la rueda delantera, ¿eing? Aquí parado, en medio de una carretera y ¿pincho? Miro la rueda y veo salir el liquido. Lo toco por si esta aún allí el puto pincho. Allí no hay nada. Tiro para abajo sin pensarmelo dos veces. Entrando en Campillo hay una gasolinera, allí le daré aire (si llego) a todas las ruedas y a ver si hay suerte y el líquido hace la faena para la cual fue creado.
Ha habido suerte. Busco un bar y me arrimo un bocata de jamon con tomate, unas cuantas cervezas y un café. Compro cuatro botellas de agua (6 kilos más para el petate) pues en Paracuellos de la Vega hay un bar pero no me aseguran que este abierto.
Mientras guardo todo en las alforjas y me enciendo un cigarro allí a la sombra de un arbol llega un matrimonio mayor. La mujer entra al bar y és se viene directo a mi para interesarse por la frikada que estoy haciendo. Resulta que el tío también es friki-caminero, según me dice. Resulta que el tío es de Alicante. Resulta que ha vivido durante algunos años en un edificio detrás de donde yo vivo ahora. JODETE ¿Cómo se pueden encontrar dos de Alicante en un pueblito a unos trescientos kilómetros? Me dice que en jubilarse quiere hacer Roma – Santiago en bici y yo, ni corto ni perezoso, le doy las señas del blog de Zinaztli y nos despedimos.
Salgo de Campillo a las cinco de la tarde, hasta Paracuellos de la Vega son 14 kilómetros de asfalto. Zinaztli se invento un track para hacer unos seis kilómetros por un camino a la derecha de la carretera pero yo ni caso.
Paracuellos de la Vega.
Pueblo cuyo castillo no esta en lo más alto, está a la misma altura o incluso más abajo.
En efecto: el bar está cerrado.
Igual que llego al pueblo me marcho, se puede decir que he pasado de largo. Después de una subida algo empinada para estas horas a la izquierda volvemos al camino para ir a Monteagudo de las Salinas, por aquí montaré el albergue.
Entro al camino, hay una máquina cosechando los girasoles, doy un par de curvas y veo un sitio propicio para montar el kiosko. Me interno un poco en la pinada para no quedarme al borde del camino, aunque no creo que por aquí pase nadie a partir de estas horas, pero por si las moscas.
La máquina trabajando.
El albergue.
El sol yendose.
La máquina aunque no la veo sí la oigo. Antes de las ocho deja de trabajar. A partir de ese momento lo único que se oye aquí es:
– las campanas de Paracuellos de la Vega,
– mientras había sol se oía el canto de los pájaros y algún pajarraco de esos que más que cantar lo que hacen es chillar
– y conforme se ha ido poniendo el sol han empezado los grillos.
Ha habido un buen rato en el que hasta los grillos se han callado y se ha hecho un silencio impresionante, solo roto por las campanadas.
Igual que ha caido el sol detras de la ladera que tengo delante, ha caido la temperatura. Me abrigo y me dispongo a hacerme la cena. Me arrimo un lata de fabada de las grandes con agua (fallo técnico, me tenía que haber procurado una botella de vino). Estoy allí un buen rato mirando el cielo, que cantidad de estrellas se ven. Mientra me fumo un cigarro me preparo una sopa de esas de sobre para calentarme un poco. Esto está más negro que el sobaco de Obama. Me imagino que luego vendrá la luna a dar un poco de claridad.
A las diez paso de estar pasando frio y me meto en la tienda a escribir estas líneas. La tienda al estar bajo los pinos espero que no se moje tanto como la otra noche. Y como quien no quiere la cosa oigo berrear a un ciervo, impresionante. Poco a poco se van oyendo más berridos, por lo menos vienen de tres sitios diferentes. Que vozarrones tienen los tíos, que pasada. Cuando coincide que callan vuelve el silencio y es impresionante.
Hoy ha sido un gran día. Me ha recordado mucho a los días por las llanuras de Burgos y Palencia recorriendo el Camino Francés, días de mucha luz y un cielo precioso, pero sin ver la fila de mochilas, cosa que, egoistamente, agradezco. Entre esto y los berridos como únicos compañeros en estos momentos hacen que merezca la pena el esfuerzo de viajar en este plan.
Mañana más.
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